Piraña 3D (Piranha 3D, 2010) [Crítica]

Por Pablo Rodríguez Sierra

Cuando nos enfrentamos a una película como Piranha 3D hay que ir con pies de plomo, especialmente si se es un espectador medio o un cinéfilo serio. No debemos esperar una obra maestra ni mucho menos una película seria. Hay que tener muy claro que se trata de un producto friki hecho para espectadores frikis, sin ningún prejuicio y dispuestos a ver un torrente de culos, tetas y muertes salvajes y variopintas.

Este nuevo trabajo de Alexandre Aja, responsable de la sobrevalorada y aburrida Alta tensión, del espléndido remake Las colinas tienen ojos y de la estupenda Reflejos, vuelve a poner de manifiesto que este joven director es capaz de ofrecer cine fantástico de calidad cargado de sangre, violencia y depravación. Y es que esta pequeña joyita demuestra nuevamente la enorme capacidad de este demente a la hora de recrear secuencias retorcidas, malsanas, crueles, sádicas y no aptas para todos los estómagos.

Piraña 3D no sólo es un título magnífico pensado para los aficionados más sádicos, es también todo un homenaje a las mejores películas de terrores acuáticos y de suspense con bicho. En el film encontramos claras referencias a obras maestras como Tiburón o la original Piraña (incluso a la casposa y sensacional secuela “dirigida” por James Cameron, Piraña 2: Los Vampiros del Mar), destacando la participación de Richard Dreyfuss como Matt Boyd, el mismo personaje de la ya citada y mítica cinta de Spielberg. En este ingenioso remake del clásico de Joe Dante se respira aroma setentero y ochenteno por los cuatro costados y, pese a su modernización, deja una satisfacción enorme dado el esmero de los creadores por ofrecer un producto de calidad que rememore el mejor cine de serie B. Y he aquí la mayor virtud de este experimento, que se trata de una serie B que huele y sabe a B y que además es perfectamente consciente de su condición, ofreciendo enormes cantidades de humor negro negrísimo y, en suma, una parodia constante del género.

Piraña 3D es, sin embargo, una joya no apta para todos los estómagos. Hay momentos tan crudos que da la impresión de que los responsables de la obra se recrean en la violencia más malsana, haciendo que la película vaya dirigida claramente a un público enfermo, en el cual se encuadra un servidor. Y no es que precisamente goce de un guión elaborado, sino más bien todo lo contario. La diferencia con otros productos similares es un acabado más que decente que supone un sano y bestia entretenimiento sangriento, en el que la historia es narrada con brío sin perder un ápice de interés.

A nivel interpretativo he quedado bastante complacido. Quizás el mejor papel lo interprete Jerry O´Connell (Scream 2), quien hace un trabajo sumamente atípico si contemplamos toda su carrera. Elisabeth Shue, bien conservada ella, no hace una labor nada despreciable. Si acaso, me resulta curiosa la participación de la estupenda actriz porno Riley Steele (Teachers, Nurses, Riley Steele Perfect Pet), aunque aquí su trabajo sea más bien plano (no es lo suyo, vaya…). Y, cómo no, no deberíamos olvidarnos de Kelly Brook, bien dotada físicamente pero justita en el campo interpretativo. El resto de actores, entre los que meto a los dos insufribles niños y el jovenzuelo protagonista, se limitan a hacer bulto.

Con total sinceridad, lo peor de la cinta son sus FX, infográficos y postizos pero, a fin de cuentas, muy resultones.

Parece ser que las distribuidoras españolas se resisten a la hora de traernos un producto tan exótico como este y, pese a todo, se trata de un hecho comprensible, en vistas de esa última tendencia de censura preventiva en la que nos vemos inmersos en nuestro país. ¿Debo actuar como un espectador sumiso y no reclamar el estreno de joyas como Halloween II o títulos como À l’interieur, Frontier(s), The Children o Eden Lake, sólo por citar algunas? Pues creo que no.

En fin, Piraña 3D es un excelente remake, obra de un realizador de lo más interesante. Es una película violenta, bestia, cruel y salvaje, a la par que cutre, divertida y estupenda, de visión obligada para el aficionado de pro. Y, qué coño, es serie B de la buena.

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