El Príncipe de las Tinieblas, 25 años después
Escrito por J. M. Bermejo | Miércoles, 7 noviembre, 2012 | No hay comentarios
Cuando ciertas películas cumplen aniversarios redondos son homenajeadas en prestigiosos festivales, restauradas, reeditadas en el mejor de los formatos con lujosas y exclusivas ediciones para coleccionista. De otras, sin embargo, parece no acordarse nadie. Y en este caso no hablamos de una oscura película de un director olvidado. Estamos hablando ni más ni menos que de John Carpenter, aunque no se trate de su mejor película. El 23 de octubre de 1987 se estrenaba en Estados Unidos El príncipe de las tinieblas. A pesar de su prometedor estreno, recuperando con creces en su primer fin de semana el presupuesto de la película, las malas críticas y las opiniones negativas de los primeros espectadores hicieron que la película no aguantara el tipo ni en pleno fin de semana de Halloween.
Yo no vi la película hace 25 años, pero sí unos 20, en su lanzamiento en vídeo. Hay muchas películas de John Carpenter que he revisitado con cierta frecuencia: La cosa, Halloween, La niebla o 1997 Rescate en Nueva York. Y generalmente no dejo pasar más de un año entero sin disfrutar otra vez de Golpe en la pequeña China (¡la próxima toca en bluray!). Y, sin embargo, El príncipe de las tinieblas no había dejado en mí una impresión suficientemente buena como para volver a ella con la persistencia de la que uno es capaz con las películas fetiche de la adolescencia.
Con quince años, a principios de los noventa, el cine de terror era para mí una cosa muy seria. Y El príncipe de las tinieblas es muchas cosas, pero seria no es. Con una primera parte plagada de discursos pseudocientíficos, puestos en boca ni más ni menos que del singular Victor Wong (en una eleccón de casting cuanto menos osada) son alucinantes, incomprensibles pero alucinantes. El científico es reclutado por Donald Pleasance en el papel de un sacerdote que se encuentra ante el reto de contener el mal absoluto, representado por un recipiente de líquido verde situado en el sótano de una iglesia.
Lo cierto es que, a pesar de lo que se nos quiere hacer creer durante toda la película, el argumento poco importa, porque lo único que cuenta es encerrar en la iglesia durante una noche a una decena de personas, expuestas a un elemento maligno que les va poseyendo (esto podría ser la descripción de muchas películas de Carpenter) a través de un chorro de líquido por el que el mal se va contagiando de unos a otros y van recibiendo muertes cada cual más pintoresca.
Quizás, contado en este tono, pueda parecer una película de la que mantenerse lo más alejado posible, por muy Carpenter que sea. Y eso es lo que mi yo de quince años, ese que se tomaba el terror muy en serio, pensaba. Mi yo de 35, ese ya no está para tonterías. O, mejor dicho, si las tonterías son como las de El príncipe de las tinieblas, sí está para ellas. Absolutamente cada elemento de la película que odié esa primera vez, ahora me parece exquisito. Desde el bigote de Jameson Parker, los diálogos imposibles y la jerga pseudo-científico-religiosa, hasta el sueño/transmisión alienígena. La parte central de la película, en la que las muertes de los miembros del equipo de investigadores se van sucediendo, además de ocurrir en muy poco tiempo, compiten entre sí por ver cuál es más chocante. Todo esto, aderezado por un ejército de sin techo, “liderados” por Alice Cooper,
Lo más curioso, aunque pueda parecer lo contrario, es que la película “funciona” como película de terror. El ritmo de la película es preciso, la fotografía es fantástica (a pesar de que los materiales usados en el DVD no son ni mucho menos los mejores), y los efectos especiales, sin ser muy numerosos, son tremendamente efectivos, como en la escena del mensaje de XXXXX o el propio contenedor de líquido verde satánica .


En el último tirón antes de darse a conocer el palmarés del festival, muchas fueron las películas que llamaron la atención por uno u otro motivo en este noveno día del festival.
El festival se va acercando a su recta final y parece que ya cuesta encontrar películas que levanten pasiones.
A priori, este parecía un día flojo del festival, pero muchos son los que han acabado convencidos no solo de que Brandon Cronenberg es algo más que el hijo de David, sino que hay hasta quien considera Antiviral la película del festival.
El sexto día prometía dos grandes nombres, Cronenberg y Argento, y la proyección de Berberian Sound Studio, película que ha fascinado a más de uno y que en su paso por Sitges ha generado una batalla en las redes sociales entre los enamorados de la película y los que la ven como un gran bluff.
Los seguidores de Rob Zombie son legión en Sitges, por lo que Lords Of Salem, su última película (de la que tan solo unos días antes pudo verse su primer trailer) había generado una enorme expectación. ¿Y qué suele pasar cuando las expectativas son demasiado altas? Pues pasa lo que tiene que pasar: muchas decepciones. Aunque a la película no le faltan valedores.
Día intenso en Sitges, con uno de los estrenos más mediáticos que ha visto el festival en los últimos años, el de Lo imposible, la última película de J. A. Bayona, aunque para los aficionados al fantástico, los grandes momentos del día han sido otros: