Monsters (2010) [Crítica]
Por Taida Nadales y Jos Rodríguez
Una reflexión bastante acertada abre la película del nobel realizador Gareth Edwards: “Después de tantos años, ellos son los residentes y nosotros los extranjeros”. Pareciera que fuéramos a presenciar una crítica contra la globalización, la emigración y el más descarnado racismo al estilo de Distrito 9. Nada más lejos de la realidad. Son muchas las diferencias entre la grandísima obra de Neill Blomkamp y esta cinta de ciencia ficción con pretensiones. Se tildaba aquella de tratar el Apartheid, cuando ésta parece encaminada a la comparación con Afganistán desde un prisma puramente americano (con todos los pros y contras que ello supone). Es evidente, quizá demasiado, la crítica directa a las ocupaciones en un territorio extranjero. Pero en la historia de Edwards, eso es realmente lo de menos.
Con un prólogo de estilo documental absolutamente espectacular nos introduce de lleno y sin previo aviso en el terrorífico mundo de estos “monsters” que dan título a la película. El problema viene cuando ese particular y marcado estilo se extiende tan solo durante 5 minutos para dar paso a una dirección más monótona y acartonada, sin más recursos que los primeros planos a Whitney Able, la intrépida protagonista femenina. Malpensando puede incluso parecer que las veces en las que algún plano no corta como debiera, la edición recurriera a mostrar los encantos de la cara de la protagonista en pose pensativa y/o sensual.
Edwards pone empeño en mostrarnos la diferencia entre el primer y el tercer mundo de forma sutil y efectiva pero lamentablemente no siempre lo consigue. En cada situación desesperada siempre hay momento para el negocio; sacar tajada del dolor ajeno. Es en estos momentos donde se acrecentan las diferencias entre ricos y pobres, como nos muestra la bien construída escena del ferry. La cinta bebe de clásicos como Parque Jurásico, Apocalyse Now (ese evocador viaje por el agua a través de la selva), y por supuesto la ya nombrada Distrito 9, aunque con un pretendido toque algo más intimista.
Pero lo que el espectador realmente no podrá perdonar es la publicidad engañosa de la que hace gala. El tráiler presenta una historia trepidante repleta de monstruos y constantes situaciones límite. La supuesta jauría se reduce a 3 monstruos mal contados y a escasísimos momentos de aventura. Las expectativas generadas nunca llegan a cumplirse, y esa sensación de impotencia se ve acrecentada al descubrir que el propósito del director no es otro que prestar la mayor de las atenciones a la contenida y mal descrita relación sentimental entre los dos protagonistas. Algo totalmente loable por otra parte, sino fuera porque carga las tintas a medias. La falta de profundidad de los personajes y sus emociones aún exponiéndolos a situaciones de vida o muerte, no acaban de dar su fruto dejando una sensación de dispersión. Por otro lado, cabe destacar que la estética y la ambientación de corte realista están muy bien conseguidas, así como los espectaculares efectos especiales en los que el británico realizador ya contaba con amplia experiencia.
La clave: La disfrutarán aquellos que no esperen muchos ‘monsters’ y demasiadas nueces.
Lo mejor: El empaque visual del film (más detacable aún teniendo en cuenta su irrisorio presupuesto).
Lo peor: La poca profundidad y desarrollo de los personajes.
