Saw VII 3D (2010) [Crítica]
Por Taida Nadales
Saw VII 3D se nos presenta como el presunto último capítulo de una rituálica saga que ha dejado huella en el cine de terror bajo el subgénero del torture porn. Saga que naciera allá por el 2004 al servicio del consumidor y en el que fan y producto se han retroalimentado durante esta década. Y es que obviando exorcismos variopintos, festines zombies y románticos vampiros, Puzzle (Jigsaw) ha logrado convertirse en el icono de toda una generación. Tratándose de una irregular saga, no sería justo apedrear a la esta última por excesos o carencias de las que la mayoría de sus antecesoras adolecen: interpretaciones de cartón piedra, abuso de flashbacks explicativos, guiones como quesos gruyère…pero la expectativa que genera una guinda suele acabar rebosando. Difícil tarea contentar a cada fan con sus puntos y comas, más aún con elementos tan agravantes como la sustitución a última hora de David Hackl por Kevin Greutert en la dirección, la fusión de los guiones de Saw VII y la futurible Saw VIII en una cuasimoda Saw 3D ‘final’, y los problemas a su vez de rodar y editar con otro tempo en pro de este efecto. Contra todo pronóstico el innecesario, rácano, pero concreto uso del 3D suma enteros a la cinta (valorándola como 3D obviamente). El exceso de gags tridimensionales sacaría de los pelos al más acérrimo para abocarlo al artificio más infantil.
Echando la vista atrás, la saga ha perdido frescura, sin embargo ha sabido mantener su propia insignia apostando fuerte en esta última secuela por el gore más aberrante, morboso y desmedido. Loable elección para remendar de algún modo el resto de descosidos, dejando destacables momentos para el recocijo de las más oscuras pulsiones humanas. El buen ritmo se mantiene a lo largo de la cinta que pretende autohomenajearse resucitando a esperados personajes (supervivientes de anteriores torturas, el Dr. Gordon, localizaciones reconocibles, entre otros cameos y guiños implícitos) en un último esfuerzo por encajar las piezas de un puzzle pretendidamente circular, que genera otras hebras sin hilar y que a nadie acaban importando. Sacando a Saw VII del conjunto que la ensombrece, es una película tremendamente disfrutable por su refinada crueldad, y la tensión a la que somete a quien se pone en sus sádicas manos.
Las sucesivas muertes gozan de una ingeniosa brutalidad que sobresale, a todas luces, de la media de productos de este género (memorable la escabechina skinhead, en la que participa Chester Bennington, cantante de Linkin Park como dato anecdótico). Los fans y adeptos que esperen el cierre hermético de la Saga en un brillante clímax final que sacie todas las ansias e interrogantes acumulados durante estos años se sentirán frustrados y a lo sumo decepcionados: Más Jigsaw, más historia. Múltiples elementos criticables sin lluvia a gusto de todos. Lo recomendable es dejarse de quisquillas. Empieza la gymkhana con nuevos ojos…’Tú decides’.
